Coches sin conductor o los sueños de un futuro imperfecto

Coches sin conductor o los sueños de un futuro imperfecto

Un fenómeno del que cada vez más se habla es de los coches que conducen solos. Ya no es una promesa de la ciencia ficción, ni una mala serie de televisión ochentera, ni una profecía de gurús advenedizos. Es una realidad que poco a poco se va definiendo en algunos centros de experimentación que aúnan los últimos avances tecnológicos de la industria de la automoción y las aspiraciones de los desarrolladores de software y creadores de aplicación para alcanzar la conectitividad en nuestros coches. Ese es el camino, es claro, es cada vez más obvio que los compradores tienen a su alcance vehículos asequibles que merecerían el apelativo de inteligentes.

Pero la última estación de esa evolución es aún más ambiciosa: son los coches de conducción automática, autónomos, que se conducen solos o como sea que el mercado termine por llamarlos. Sin embargo, frente al brillante futuro de hermosas autopistas rodeadas de bosques, plácidas avenidas surcadas de de edificios de cristal hiperconectados, tránsitos fluidos en nuestros viajes, sin atascos, gracias a coches que saben ir por su cuenta a nuestros destinos en las rutas más óptimas, hay una realidad que hoy por hoy hace impredecible poner una fecha más o menos cercana para este hito.

Para ilustrar esta postura (no crean que soy absolutamente pesimista), me basta con aportar un dato: los responsables de los coches sin conductos de Google han reconocido que en los seis años que llevan probando su tecnología en las carreteras de California sólo han sufrido seis accidentes menores. Digo sólo porque es literalmente como lo expresaron en Google, pero yo creo que seis incidentes, por muy leves que sean, son suficiente prueba para asumir que por el momento, la conducción autónoma no puede ser 100% segura.

me voy a detener en las conclusiones del Observatorio Tecnológico de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), que ha realizado un estudio para conocer los puntos a favor y en contra los coches sin conductor: 

En los vehículos inteligentes las dudas sobre su fiabilidad no pueden ocurrir: “no podrá fallar nunca. Un vehículo no se puede colgar como un ordenador o un móvil, porque puede costarte la vida. Hay que conseguir esta fiabilidad de forma muy extendida y con un impacto económico pequeño en el coste del vehículo”, dicen los expertos de la UOC.

driverless-cars-now-street-legal-in-california-a52115750a

 

Los vehículos que se conducen solos implican muchas tecnologías y, por lo tanto, sería necesarios un esfuerzo de las administraciones públicas para regularlas, creando así un modelo de gestión eficiente. “Haría falta sensorizar la ciudad para tener información de tránsito y aparcamientos. Y, de hecho, los propios vehículos pueden convertirse en sensores y transmitir esta información”, comentan desde el Observatorio.

Pero ojo, advierten del lado perverso de las cosas. Desde el Observatorio comentan que si no se encuentra aparcamiento, se podría dejar el vehículo dando vueltas solo y, si todo el mundo hiciera lo mismo, tendríamos una ciudad llena de “coches zombis”. Esta claro que los avances son imparables y que muchos ya se están incorporando a nuestro día a día al volante, pero, de momento, parece impensable que se pueda dejar aparado el factor humano en la conducción.